Hace un tiempo me llevé un soberano disgusto al ver que todas las lentejas vienen etiquetadas con trazas de gluten…..Dios,¿! había estado dando gluten a mi celiaquito desde siempre!! Y ¡gran tragedia!, cuando pensé que nunca tendría que volver a «limpiar» las lentejas como me mandaba mi madre cuando era niña, vuelvo a verme en esa horrible y aburrida tarea para quitar las semillas de trigo que se esconden entre ellas (y encima ahora sin ver bien de cerca). Ante tan áspera labor, decido adentrarme en la búsqueda de los distintos tipos de lentejas para ver si alguna no lleva trazas. Un día encontré la lenteja roja libre de glúten (ojo, no significa que no haya lenteja roja que lleve trazas. Mirad bien las etiquetas)  y, desde entonces, cociné sopa egipcia, puré de lenteja roja….Me estudié bien todo lo que podía aportar a nivel nutricional en casa y decidí que de alguna manera tenía que llevar este ingrediente al obrador.

Primero molí la lenteja y preparé harina. Luego me puse a hacer pequeñas pruebas combinándolo con diferentes semillas y harinas. Seguro que algo saldría tarde o temprano. Y si, salió. Estoy encantada y creo que los que habéis probado el resultado, también.

Ha nacido el pan de lenteja roja y chía.

Es un pan de miga esponjosa y muy sabroso. Como todo lo que hacemos en el obrador, es bajo en sodio. Cualidad que tienen inherente las semillas de chía. Por eso son diuréticas. Esta semilla también nos aporta mucho potasio y calcio (cinco veces más cantidad que la leche de vaca). La chía  tiene los 9 aminoácidos esenciales que son imprescindibles para el buen funcionamiento de nuestro organismo y que no podemos generar por nosotros mismos. Necesitamos ingerirlos. Si a esta pequeña y poderosa semilla le añadimos nuestra harina de lenteja roja, estamos creando una fuente de nutrientes que bien pueden complementar nuestra comida además de hacernos disfrutar con su sabor.

La lenteja roja contiene también mucho hierro y  magnesio, tan difícil de absorber, por lo que es recomendable añadirlo de forma constante a nuestra dieta. Contiene también vitaminas del grupo B.

A todo eso, le añadimos que está compuesto por muchos hidratos de carbono resistentes. El almidón resistente presente en esta legumbre es un tipo de  fibra  que no se absorbe en el intestino delgado en forma de glucosa sino que pasa al intestino grueso donde sirve de alimento (prebiótico)  para nuestra probiota intestinal. Es una óptima elección si eres diabético precisamente por esa  fibra de la que hablamos que no produce un aumento súbito del nivel de azúcar en sangre. También evita que su cuerpo absorba una parte de la grasa por lo que reduce los niveles de colesterol.

En esa parte no puedo evitar acordarme de «Erase una vez la vida» con aquellas células con vida propia que se movían alegres o con cara de malas  por el cuerpo humano, ¿os acordais?

 

Y, por si fuera poco, si a este pan le añadimos un poquito de harina de coco que contiene un 50% de fibra y con una grasa muy saludable, el ácido láurico que aumenta los niveles de colesterol bueno.  Su índice glucémico también es muy bajo y el sabor que aporta es muy agradable. Esta harina aporta, dada su cantidad de fibra,  humedad al pan por lo que la miga resulta jugosa pero sin estar «mojada».

Por supuesto, lo dejamos fermentar despacito, con una masa madre de arroz. Lo amasamos y al día siguiente cuando llego al obrador, lo aireamos y lo horneamos…..¿A qué ya tenéis ganas de probarlo? Prometo subir fotos en estos días a las redes sociales y meterlo ya en carta para que podáis disfrutarlo.

Me encanta que los celiacos y los intolerantes al glúten estén abiertos a probar cosas nuevas. Hay muchos cereales, semillas y formas de trabajarlos que pueden enriquecer nuestra alimentación.

Dejad que os cuente por aquí todo lo que descubro y por supuesto os espero en mi /vuestra casa, Singluteneria, para enseñaros todo lo que hacemos.

Esther ( Dueña de Singluteneria, mamá de celiaco, panadera y amante de la nutrición)